Alojarse en un albergue: el mejor modo de conectar con otros peregrinos
La primera vez que crucé la puerta de un albergue en el Camino de la ciudad de Santiago, aún llevaba la mochila puesta y la cabeza llena de dudas. Venía de una jornada de veintiseis kilómetros bajo el sol, caminando solo la mayor una parte del día. En recepción, una hospitalera portuguesa me sonrió, me selló la credencial, y señaló con la barbilla hacia un patio donde hervía una olla de pasta. Media hora después estaba sentado a la mesa con italianos, gallegos y coreanos co